«Sancho, ¡con los chinches hemos topado!»

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«Sancho, ¡con los chinches hemos topado!»

Era la Iglesia, y no los chinches, a lo que se refería esa famosa frase de don Quijote. En la eliminación de chinches que practicamos en Madrid sabemos lo grave que es una infestación por esta plaga por lo altamente prolíficos que son estos insectos y lo difícil que es erradicarlos por completo, de allí la ironía de esa cita literaria.

La eliminación de chinches no es cosa de principiantes o algo que cualquiera pueda hacer por su cuenta: el resultado sería la propagación de las colonias por todo el edificio hasta un número inconmensurable. Para empezar, te diremos que una sola hembra de Cimex lectularius, vulgarmente conocido como chinche, puede infectar un edificio entero.

La hembra puede poner hasta 200 huevos cuyas ninfas aparecerán en tan solo dos semanas. Lo más chocante de todo es que necesita alimentarse solo durante cinco minutos a la semana para sobrevivir.

Dicho de otro modo, pueden pasar el 80 % de su vida en inanición y estar frescos como una rosa, pero cuando se alimentan de sangre (son hematófagos) son capaces de chupar su peso siete veces en tan solo cinco minutos... Son endogámicos, pero muy exigentes en su reproducción, ya que cuando la hembra se aparea con un macho estéril emite unas señales que lo repelen.

Fuimos nosotros, los españoles, los que los exportamos a América en la época de Colón. Pero originariamente eran parásitos de los murciélagos. Así que si en tiempos primitivos no hubiésemos entrado a las cavernas para vivir, no nos hubiéramos convertido en sus víctimas ideales.

Ya no podemos dar marcha atrás y volver a la era primitiva para relegarlos con sus maestros chupadores de sangre, por eso apostamos por la fumigación y eliminación completa del chinche. Siguiendo con la ironía del principio, en Amelin sabemos cómo «chincharlos» bien para que no quede ningún chinche suelto.

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